martes, 19 de febrero de 2019

"Papillon", de Michael Noer

Cuando hace unas semanas vi el anuncio de esta película en la que salía Charlie Hunnam (mi adorado Jax Teller xD) pensé que era una buena manera de, por lo menos, alegrarme la vista.
Al final de la película me encontré con una gran historia. También hay una adaptación de 1973 (escrita por Dalton Trumbo) cuyos protagonistas son Steve McQueen y Dustin Hoffman.
Papillon no es el nombre real del protagonista, es un apodo, ya que "Papillon" es mariposa en francés y Henri Charrière tenía una tatuada.
Papillon vive en el París de los años 30, picando de un sitio a otro, hasta que lo detienen. En aquella época, muchos presos cumplían condena en la Guayana Francesa (más de 80.000 en un período de 1852 a 1938) y la mayoría no sobrevivían.
La aventura de Papillon empieza ahí. Siempre va persiguiendo la libertad y esta siempre le huye. Es prácticamente imposible escapar de la Isla del Diablo, él lo intenta, pasa varios años en una celda de aislamiento sin contacto con nadie pero jamás piensa en quitarse la vida.
Su fuga de la Isla del Diablo es digna de ver. Al ser una isla sólo con acantilados, no podía fabricar una balsa y escapar por la playa. Charrière, a base de observación, descubrió que la séptima ola era más grande y fuerte que las anteriores y, por tanto, podía empujarlo más lejos. Con una balsa hecha de cocos, se lanzó y logró escapar.
Finalmente se estableció en Venezuela, donde vivió hasta 1967 que prescribió su condena en Francia. Como curiosidad, murió en Madrid en 1973.
Tuvo tiempo de escribir sus memorias, también llamadas Papillon, convirtiéndose en un gran éxito de crítica y público.
No se sabe a ciencia cierta si todas las historias que cuenta son reales o no, pero simplemente leer o ver la historia de un hombre que buscó escapar y su libertad a pesar de todo, merece la pena.

lunes, 4 de febrero de 2019

Destrucción

Cuánto deseo asomar la cabeza fuera del agua, un momento, para ver las estrellas. Me tumbaría flotando, grabaría las constelaciones en mi cabeza y volvería a mi hogar. Tiene que estar el cielo precioso.
Hace muchos meses que no puedo salir a curiosear por la superficie. Los barcos de los humanos son cada vez más grandes y potentes, y por culpa del ruido de los motores y de las turbinas, apenas escuchan ya nuestros cantos.
La profundidad del mar, de mi casa, ha cambiado mucho. A los humanos ya no les basta con tirar sus redes, pescar más de lo que pueden comer y llevarse el coral, ahora están utilizando máquinas cada vez más grandes y extrañas para sus propósitos. Muchos de los peces que vivían con nosotras han intentado sobrevivir en la zona de medianoche (aquella que llega hasta los 14.000 metros de profundidad) pero no pueden, se mueren. Apenas hay alimento y la presión del agua es insoportable. No podemos vivir allí abajo y nos están matando aquí arriba.
Por eso tratamos de cuidar lo máximo posible los pocos remansos que nos quedan. El Titanic, por ejemplo. Seguro que, si te asomas desde la cubierta de un barco en una mañana tranquila, puedes ver su enorme esqueleto. Es cierto que hay muchos transatlánticos hundidos más, pero al Titanic le tengo un cariño especial. Me escapaba con mis hermanas para ver los camarotes cubiertos de moho y alguna vez hasta rompimos alguna cámara de vigilancia que los humanos dejaron allí.

lunes, 28 de enero de 2019

¿Echas de menos el frío?


     


          —   ¿Echas de menos el frío?
Parecía mentira que después de casi cuatro meses en su nuevo país, aún siguieran preguntándole lo mismo. ¿Tan extraño parecía que una mujer rubia, de piel muy pálida, que apenas se le entendía al hablar, hubiera ido a caer justo en este rincón del mundo?
Ella había llegado gracias a un concurso de televisión en su país de origen. Unas vacaciones de dos semanas. Si pensáis que tenía una historia trágica detrás, que venía huyendo de un pasado tormentoso, nada más lejos de la realidad. Simplemente, ella no pensaba que existiera vida fuera de su país. En su ingenuidad, creía que todo el mundo estaba compuesto de árboles desnudos, llanuras cubiertas de tierra fría, apenas con un rayo de azul en mitad de las nubes grises.
Por eso, al llegar a su destino, tuvo que cerrar los ojos. ¿Existían tantos colores, en serio? Lo primero que hizo fue comprar unas gafas de sol. Puede decirse que nunca vio el Sol hasta ese día. Impactada, desconocía que pudiera vestirse con algo que no fueran abrigos largos, orejeras ni bufandas. Y en la playa era muchísimo peor. ¡La gente iba casi desnuda!
Ella no tomó la decisión de no volver a su casa, fue ese país el que decidió por ella. Le buscó una ocupación, una habitación provisional en la que vivir y hasta llamó a su familia para que se reuniera con ella.
Un ligero frío llegó al país. La gente se abrigó y el alboroto en las calles se redujo. Los pájaros multicolores de los árboles se metieron en sus nidos y el mar adquirió un tono verdoso. Ella se metió en el agua y empezó a nadar. El agua estaba fría, pero no el hielo que se le pegaba a los huesos hace unos meses, esta era refrescante, vigorizante, le llenaba de tanta vida que le daban ganas de gritar.
  — ¿No se te corta el cuerpo con el agua tan fría? La pregunta del principio venía de parte de unos pescadores que tejían sus redes en la orilla.
         —  Ustedes no saben lo que es el frío de verdad —les dijo sonriendo.


    Este relato participa en la convocatoria de Enero de Divagacionistas

miércoles, 23 de enero de 2019

"Mi semana con Marilyn", de Simon Curtis


«Es una estrella de cine que quiere convertirse en actriz».
Personalmente, admiro a Marilyn Monroe desde hace años, creo que de haber vivido más años hubiera dado al mundo actuaciones no solamente de cantar y bailar. Eso pretendía ella con la película "El príncipe y la corista" (1957) , salir del encasillamiento al que estaba sometida y convertirse en una actriz "de verdad".
La película está contada desde el punto de vista de Colin Clark (Eddie Redmayne), un ayudante de la productora de "El príncipe y la corista". Marilyn (Michelle Williams) nunca había estado en Reino Unido y, aprovechando la ausencia de su marido Arthur Miller, Colin se encargó de enseñarle el estilo de vida británico.
En el transcurso de la película podemos ver los retrasos de Marilyn a la hora de llegar al rodaje, las presiones por parte de su compañero, Laurence Olivier (Kenneth Branagh), que no la veía capaz de actuar, y la soledad que no quería pero que debía aguantar.
Las escapadas con Colin sirvieron a este para conocerla más y enamorarse de ella. Los dos sabían que después del rodaje, ella volvería a Hollywood y él a su vida, pero eso no les impidió pasar un poco tiempo juntos.
Es difícil no ponerse de parte de una mujer que lo tenía todo (fama, dinero, la gente la adoraba) pero que al cerrar la puerta del camerino se encontraba totalmente sola. Su reciente marido volvió a Estados Unidos dejándola sola en Londres, la gente que trabajaba con ella en la película la tenía por inútil... y aún así la cámara la seguía queriendo.
Michelle Williams ganó 14 premios (nominaciones aparte) interpretando a Marilyn Monroe.

miércoles, 16 de enero de 2019

Microrelatos #OrigiReto2019

¡Hola! En esta entrada iré recopilando todos los microrelatos del #OrigiReto2019, editando cada mes.
Si queréis más información, pinchad aquí  o aquí 

1) Enero: 

Este microrelato se basa en el objetivo número 21 (cuenta una historia que suceda en un parque de atracciones)

2) Febrero:











Este microrelato está basado en el objetivo número 11 (alguien que viaja en el tiempo) y está enlazado con este relato de Blue Kamille.





lunes, 7 de enero de 2019

Sirena liberada


Ser la mayor de siete hermanas tiene más ventajas de las que parece a primera vista. Mientras tus padres están entretenidos enseñando a nadar a tu cuarta hermana, a hablar a la quinta y a no perderse a la segunda, tú ya tienes tu vida montada.
Aunque tu padre sea el rey Tritón.
Me llamo Attina y ya no vivo en ningún palacio. Me dedico a escribir para matar el tiempo entre pesca y pesca (real y metafórica). Este ¿cuaderno? lo esconderé debajo del coral que me sirve de cama y cuando lo encuentren dentro de muchos años (quizá) las letras se hayan borrado.
Soy consciente de que el mundo exterior conoce la historia de amor entre el príncipe Eric y la sirena Ariel. Cuando Ariel apenas empezaba a aletear, yo ya había conocido a varias decenas de hombres. Claro que yo siempre fui más discreta.
Solía subir a la superficie unos minutos después de ponerse el Sol, cuando los marineros aún estaban deslumbrados con el reflejo de la luz en el agua. Sonreía casi siempre al más joven (el más inexperto la mayoría de las veces) y éste se lanzaba al mar. Estábamos juntos unos días, los que podía mantenerlo con vida aquí abajo, y después lo dejaba en un lugar seguro.
Me enamoré dos veces. Pero jamás se me ocurrió comprometer este mundo con el exterior.
Aún me sorprende que Ariel no fuera más cuidadosa. Mi padre le gritaba enfurecido que no podía subir a la superficie, que era un humano y que no podía estar con él. Mientras, yo guardaba otro objeto del mundo exterior en un cajón. Mi padre jamás sospechó nada y no tuve tiempo de advertir a Ariel, tampoco creo que hubiera escuchado mis consejos. Siempre se creyó la mejor de todas nosotras.
Para resumir la historia, los hechos sucedieron así:
Me enteré que Ariel había entregado su voz a Úrsula cuando mi hermana ya estaba en la superficie, con unas piernas inútiles y totalmente muda. ¡Qué estúpida! Nuestro padre tiene más poder que Úrsula y podría haberle regalado unas piernas si se lo hubiese pedido. Pero no, ella se creía la primera sirena enamorada de un humano.
Un día me escapé a ver a Úrsula sin que mi padre se enterase. No sabíamos nada de Ariel, y yo sabía cosas acerca de los humanos, así que creía que Úrsula lo único que quería era información. Antes me pasé por el escondite donde tenía mi cajón con las cosas de los humanos: un tenedor, una botella de ron, un zapato sin cordones, una lata de conservas caducada. Aparte de otras cosas de las que no recordaba el nombre o me lo dijeron en un idioma que no entendí. Estaba todo, nadie se había llevado nada. 

lunes, 17 de diciembre de 2018

Una pequeña luz


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  -       -  Qué fácil es soñar cuando tienes la cartera llena.- pensaba Manuel mientras veía el platillo frente a él. Apenas dos euros, cincuenta céntimos y chatarra.
La ciudad ya estaba lista para la Navidad. Luces en la calle, comercios abiertos hasta altas horas de la noche, zapatos arriba y abajo, bolsas llenas de cosas. Felicidad para todos. Manuel se levanta y se encamina al albergue. En sus primeros días en la calle, intentaba llegar el primero para conseguir la mejor cama. Ahora ya no le importaba.
El verano es mejor, susurra mientras recoge sus cosas del suelo. Dormía en cualquier sitio, algún que otro animal callejero (como él) le acompañaba, hacía mapas mentales con las constelaciones. Algún sueño le quedaba.
-         - No hay camas, lo siento.
Lógico. El día había sido gélido y él había estado sentado en la puerta de un banco para nada. ¿Por qué no huyó de aquí cuando podía? A un lugar donde siempre hiciera calor. Donde el solsticio de invierno fuera fugaz, un único día de oscuridad, y después luz. Claridad todos los días.
Tenía miedo a la oscuridad. En su camino hacia el parque, no vio ni una sombra. Apenas el ruido de un coche lejano. En el rincón donde se quedaba algunas veces, dos personas ya dormían. Al lado de ellas, una maraña de mantas y abrigos viejos. Se acercó.
-          No van a volver, quédatelos.- dijo una voz medio en sueños.
Se sentó en la tierra húmeda sin hacer ruido y se abrigó como pudo. Si dejaba que sus ojos se desbordaran de lágrimas (como quería), después su cara se quedaría helada. Así que no lloró.
Esas personas ya no verían ninguna estación más, ni el tan esperado calor, ni una nube, ni la comida insípida del albergue, nada más. Nunca.
Manuel no iba a dormir esa noche, esperaría al amanecer, porque aunque le quedaba una noche interminable, la luz tendría que salir en algún momento.