martes, 15 de octubre de 2019

Palmarola

26 de Marzo
09:35 a.m

«Buenos días y feliz mañana a todos los afortunados que estén disfrutando de esta temperatura maravillosa en el mes de Marzo. Tanto si estáis tumbados en la playa o conduciendo hasta el trabajo no cambien de emisora que...»
Neviani cerró la aplicación y se guardó el móvil en el bolsillo. Sí, él era uno de los afortunados que estaba en la playa. Había decidido tomarse unos días de vacaciones y pasarlas él solo, algo que no había hecho nunca. Unos días recorriendo las costas del mar Tirreno le parecieron tan buena idea como irse a la ciudad de al lado a ver iglesias.
No estaba solo. Le acompañaban Maria y Paola, dos recién casadas en su luna de miel. El guía que los acompañaba los había dejado solos en la isla, «unas horas, para que la exploréis. Por la tarde vendré a por vosotros y ya cenaremos en el hotel».

Dijo esto y salió con la lancha a toda máquina, dejando a los tres sin saber muy bien qué hacer.
La isla era preciosa, pero se estaría mejor en pleno verano, debajo de una sombrilla y con una cerveza en la mano, pensó Neviani.
Desde la orilla no divisaban la siguiente isla, sólo un agua de color esmeralda y algún barco que pasaba de largo. El Sol tenía la temperatura justa para ser agradable sin molestar y Neviani decidió dar un paseo adentrándose un poco en la isla.
No pidió a Maria y a Paola que lo acompañasen, porque, ¿qué esperaba? Estaban de luna de miel. Seguro que en cuanto empezara a caminar ellas se quitarían la ropa y harían el amor en la arena. ¿Cuántas oportunidades tendrían de estar solas en una isla desierta? Sonrió para sus adentros y las envidió.
De hecho, ya escuchó sus risas mientras él se alejaba.


Volvió a sacar el móvil y mandó un mensaje a su hermano diciéndole que por la noche hablarían, que esa mañana el guía les había dejado hacer “visita libre”.
La isla en sí no era demasiado grande, Neviani calculó que en unas tres o cuatro horas podía recorrerse entera de punta a punta. Los árboles estaban intactos y el suelo que pisaba estaba limpio. Cosa de agradecer, ya que estaba cansado de la suciedad de la ciudad y de no poder respirar bien. Ya no fumaba, pero la pesada tos aparecía de vez en cuando, sobre todo cuando no llovía y pasaba días sin apenas tiempo ni para salir al campo a respirar.
Así que se paró debajo de un árbol, cerró los ojos y respiró hondo. El salitre le entró en los pulmones y estuvo a punto de llorar de emoción. No tosía y allí olía de maravilla. A Naturaleza.
Se descalzó y siguió caminando.

26 de Marzo
19:43 p.m

Un atardecer en la playa siempre es precioso. Las luces del cielo y el olor del mar acompañan a los sentimientos que tengas en ese momento. En el caso de Maria, Paola y Neviani estaba empezando a convertirse en desesperación. Maria acababa de colgar el teléfono. Irían a recogerlos enseguida, antes de que se hiciera de noche. El guía había tenido mucho trabajo durante todo el día.

—¡Pienso poner una hoja de reclamaciones! ¡Y llamar a la prensa! ¿A cuento de qué nos dejan aquí tirados todo el día? —Paola estaba muy nerviosa. Su móvil se había apagado y tenía hambre.
Maria la abrazó para tranquilizarla, pero ésta se levantó airada y se puso a caminar por la orilla.

¿Crees que le pegará un puñetazo a alguien cuando subamos al barco? preguntó Neviani riendo.
Maria observó a Paola de reojo y asintió, también riendo.

No tenían otra cosa que hacer salvo esperar a que fueran a rescatarlos. Las últimas luces del día eran hipnóticas, las olas rizaban el agua y, aunque ninguno de los dos lo reconoció, vieron dos cabezas de mujer salir del agua, saltar como si de un delfín se tratara y volver a sumergirse, reflejando el brillo de sus colas de sirena en el agua.

Neviani no quería, pero empezaba a dormirse. Sabía que las luces y el ruido de la lancha, el barco, o lo que fuera lo despertaría, al igual que las voces de las dos chicas.
Cerró los ojos y su mente empezó a trabajar en todo lo que debía hacer al día siguiente, su agenda mental lo llamaba. Notó que Maria se levantaba y empezaba a caminar, escuchó sus pasos. Pero él estaba tan cómodo dormitando que no se movió.

Una gran corriente de aire lo despertó. La arena se arremolinó a su alrededor y el agua del mar, ya negra totalmente, bailaba de un lado a otro.

¡Chicas! ¡Venid! ¡Tenemos que ponernos a cubierto! ¡Paola! ¡Maria!

Ni rastro. Corrió en la dirección donde se fue Paola minutos antes (¿seguro que eran minutos?) pero no las vio. Ni sus mochilas, ni una mísera luz en el horizonte.
Estaba solo. Antes de sentir miedo debía refugiarse del tornado.
La Luna estaba a la mitad, y su pálida luz le permitió ver un giro, y otro giro, y otro del enfurecido viento. Corrió isla adentro y se sentó debajo de un árbol sujetándose las rodillas.

Cuando termine, gritaré con todas mis fuerzas. El barco está esperándome, no pueden irse sin mí susurró para sí mismo.

Un sexto sentido le advirtió que girase la cabeza. Le pareció notar unos pasos rápidos acercándose a él. Volvió la cabeza rápidamente pero no vio nada, sólo la sensación de estar siendo observado. Durante el día no habían visto ningún animal, así que lo más probable es que fueran las dos chicas y el guía, que le estaban gastando una broma.

No tiene gracia, tengo hambre ya dijo. El viento había parado un poco, por suerte—. Vamos al hotel, ¿sí? Más os vale haber preparado una buena cena si no queréis que os denuncie.

Nadie contestó.

Se levantó, más cansado que enfadado, y caminó por toda la isla. Sabía que si permanecía quieto, se pondría a gritar como un loco.
La Luna iba cambiando de posición en el cielo pero Neviani no se dio cuenta. De un momento a otro iba a caer rendido de cansancio, así que con un último esfuerzo llegó a la orilla y se sentó.
Sacó el móvil de su bolsillo, con la estúpida esperanza de que estuviera encendido y llamar a alguien, pero no fue así.
¿Cómo iban a olvidarse de él? No estábamos en el siglo XVIII, no era una isla muy alejada de la civilización y Neviani, desde luego, no era Robinson Crusoe. Ahora existen los localizadores y la tecnología, que sirven para no dejar a nadie a su suerte, ¿verdad?
Una pequeña luz naranja apareció en el horizonte. Se iría acercando, despacio, hasta llegar a la orilla y recoger a Neviani. Hasta aquí todo normal, si no fuera porque él vio cómo las dos sirenas que había visto al atardecer salían de nuevo del agua y lo llamaban.
Cuando la pequeña lancha llegó a la orilla, no había nadie en la isla. 

***
 Este relato cumple con el objetivo número 15 (isla deshabitada) del #OrigiReto2019.
Si queréis más información sobre este maravilloso reto, pinchad aquí  o aquí    
Pegatina de Octubre:







10 comentarios:

  1. ¡Oh! Qué final inesperado :) Me ha gustado el argumento del relato y que la llegada a la isla sea voluntaria, como un viaje turístico. También el tema de las dos enamoradas de luna de miel y el protagonista que al principio está tranquilo y en paz pero según avanza el día va teniendo más nervios y miedo.

    Se lee enseguida como todos tus relatos, te lleva de la mano, aunque he visto un par de frases un poco enrevesadas, por ejemplo esta, ¿un giro de qué?: "La Luna estaba a la mitad, lo que le permitió ver un giro, y otro giro, y otro del enfurecido viento."

    Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario y tu tiempo guapa :)
      Me alegra que te haya gustado. En teoría lo de la frase es un giro del viento, de todas formas, voy a darle una vuelta y la cambio para que quede más claro.
      Abrazo!

      Eliminar
  2. Coincido con Stiby en su comentario. Está muy bien llevado el argumento, partiendo de una natural visita a un pequeño paraíso para convertirse en un extraño lugar del que seguramente no regresarás. A pesar de que el motivo por el cual los dejan ahí tirados durante el día no queda claro, el final es tajante en una frase final, dando un golpe de gracia estupendo. Realmente, ese motivo no es lo importante, así que queda todo redondo.


    Los diálogos son los justos para llevar el ritmo, y las descripciones no están cargadas para mostrar simplemente el ambiente de la isla junto a la tranquilidad de los personajes en dicho mini-paraíso. Todo cabe estupendamente en las mil y pocas palabras del relato.

    Enhorabuena.
    ¡Un saludo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola!:
      Supuestamente los dejaron en la isla para que la exploraran solos, pero, ¿se olvidaron de ellos o lo hicieron adrede?
      Muchas gracias por tus palabras, intento escribir lo más sencillo posible para que no se haga pesado de leer y creo que para ti lo he conseguido, así que encantada :)
      Un saludo!

      Eliminar
  3. Una buena narración, muy natural. Un protagonista respetuoso, teniendo el detalle de explorar por su cuenta para dejar a las recién casadas en la intimidad de una isla desierta (poca gente en la realidad creo que actuaría así). El transcurrir del tiempo se vuelve paradójico y en eso ayuda que señales dos horas significativas, la de llegada y luego, tras una elipsis temporal de 10 horas, el cambio de escena y ambiente, de placidez a intranquilidad. Y luego la siestecita, con la que añades otro cambio dramático, la soledad del tipo. Y el final en plan argonauta... Chapó. Muy buen manejo de tiempos y escenas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que las dejó solas porque él lo que quería era explorar por su cuenta y estar solo. Para las horas tenía pensado en un principio hacerlo de hora en hora, pero iba a quedar muy saturado y no podía meter tanta descripción.
      Gracias por pasarte a leer y comentar, me alegra que te haya gustado :)

      Eliminar
  4. Me gustan las historias que hacen que tu mente se ponga a elucubrar. Lo que me dice mi mente es que los tres turistas incautos fueron un tributo a las sirenas por parte de los nativos locales para que les dejaran vivir tranquilos y que era algo que podía tener cierta recurrencia. El relato me ha gustado, sin ser demasiado largo es ligero y fácil de seguir, tiene personajes interesantes y una evolución del estado del protagonista muy destacable. Muy bien Gema, muchas gracias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario Kalen!
      Me gusta que cada uno cree su propia historia a partir de un relato, así nos damos cuenta de que cada uno piensa de forma diferente. Yo no lo planteé así (en mi cabeza digo xD) pero es muy interesante tu punto de vista :)

      Eliminar
  5. Me ha gustado mucho tu relato. Ha empezado con un lenguaje muy urbano, muy ágil y sencillo de leer, que además, al principio transmite la tranquilidad de las vacaciones. En las primeras frases logras contagiar el relax del protagonista al lector, y también las ganas de disfrutar de las aventuras y sorpresas que puede ofrecer una isla desierta.
    Muy bien tratado el punto de vista masculino, ya se que es un topicazo decir que los hombres solo piensan en el sexo, pero lo cierto es que lo has plasmado muy bien, desde el respeto a las relaciones ajenas.
    La segunda parte del texto cambia el ritmo y ya no transmite tanta paz, sino que logra de nuevo contagiarte el estado de ánimo del protagonista, entre nervioso, desconcertado, cabreado y cansado.
    Solo te apuntaré que en la frase "los árboles estaban intactos y el suelo que pisaba está limpio" hay una incongruencia en el tiempo verbal.
    Por lo demás un ritmo muy bueno, una historia muy original con un giro final sorprendente. En definitiva: un buen relato. ¡Felicidades!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola!:
      Gracias por tu comentario, me alegra que te haya podido transmitir tanto la tranquilidad como el estrés del final del relato. La verdad es que la primera frase se me ocurrió viendo la película de "Tiburón" xD nunca se sabe dónde puedes encontrar algo que cuadre para escribir.
      Lo del punto de vista masculino, es cierto que me siento más cómoda escribiendo así, estoy intentando cambiarlo para no acostumbrarme.
      Ya está corregida la errata :)
      Gracias por tu tiempo y nos leemos :)

      Eliminar